Cuando un gato bebé llega a casa la paz se acaba. Pero nos deja a cambio muy buenos momentos, risas y juegos. Son pequeños torbellinos que están poniendo a prueba sus cualidades a cada momento y que necesitan saber si son capaces de trepar más alto cada día, o llegar a rincones que han decidido que son un reto para ellos. Además, juegan a esconderse, agazaparse y “cazar” a los otros miembros de la familia poniendo a prueba la paciencia de todos, especialmente de otros gatos mayores o perros. Pero acabas tan enamorado de ese pequeño diablillo que no te molesta realmente nada de lo que hace.
Con el paso del tiempo, el gato se vuelve más tranquilo, aunque la personalidad de cada animal es diferente. Algunos gatos son eternos bebés juguetones, sobre todo cuando tienen estímulos que los invitan a ello mientras que otros se vuelven tranquilos y calmados y disfrutan de ratos de soledad, tal vez en lo alto de una estantería a donde van cuando quieren estar solos.
Puede llegar un día en el que veas que tu gato ya no sube a esos rincones altos que tanto le gustaban para descansar sin perder de vista a toda la familia. O que lo hacen, pero de manera más lenta y torpe. Es una señal de que tu gato puede tener problemas articulares. Una revisión en el veterinario es lo que puede sacarnos de dudas.
Cuando se trata de un gato joven, seguramente sea un problema consecuencia de una caída o un golpe que puede que no hayamos visto, pero que le ha dejado secuelas. Pero si el gato es mayor, simplemente puede ser que esté envejeciendo. Toca darle unos cuidados extras para que el animal pueda conservar su movilidad y hacer vida normal durante más tiempo. Un Complemento para la movilidad articular gatos puede marcar la diferencia, junto con un analgésico suave en el caso de que haya dolor.
Hay que tener en cuenta que los gatos son animales que, por puro instinto, ocultan el dolor, por lo que el dueño debe de observar cambios en su comportamiento que le indiquen que algo está sucediendo a su peludo. Que dejen de subir a sus lugares favoritos, ir a la cama de sus dueños o acostarse a su lado en el sofá son pistas de que algo va mal con sus huesos.