Desde marzo, el picor intenso, la congestión nasal y los continuos estornudos forman parte del día a día de las personas alérgicas. Pero la denominada polinosis o alergia primaveral produce algo más que molestias en quienes tienen el corazón débil o han sufrido patologías cardíacas con anterioridad. Como advierten los cardiólogos Pontevedra, esta respuesta inmunológica a los pólenes (mayormente de gramíneas, olivos, chopos y abedules) puede comprometer la salud de los pacientes con un historial cardiovascular preocupante.
Como otras alergias estacionales, la primaveral (que formalmente se ha dado en llamar rinitis alérgica) prolifera solo durante una parte del año, afectando al veinte por ciento de la población, según el madrileño Hospital Universitario General de Villalba. Sus síntomas consisten en la inflamación de las mucosas, pero en las personas de corazón sensible puede impactar de forma más negativa.
En concreto, el organismo expuesto a los alérgenos reacciona con la liberación en grandes cantidades de una sustancia conocida como histamina, que tiende a dilatar los vasos sanguíneos. Como resultado, se eleva la frecuencia cardíaca y se produce un aumento de la presión arterial. Estas reacciones corporales, que usualmente se achacan al esfuerzo del organismo por combatir la alergia, pueden ser fatales en los individuos con arritmias o insuficiencia cardíaca.
La congestión nasal, síntoma común a todos los alérgicos, suele disminuir la cantidad de oxígeno que afluye al corazón. En casos extremos, los órganos respiratorios pueden tener serias dificultades para realizar correctamente el intercambio de gases, aumentando el riesgo de hipoxia.
Por otra parte, los fármacos que normalmente se prescriben para combatir la alergia primaveral, pueden estar contraindicados para quienes sufren hipertensión y otras enfermedades cardíacas. Sucede que muchos de estos medicamentos están formulados con fenilefrina y otros principios activos que disparan la tensión arterial y desencadenan otros efectos perjudiciales. En otras palabras, el remedio puede ser peor que la enfermedad.