Cuidado del cabello en verano: ¿qué recomiendan la dermatología?

Cada persona posee una media de 100 ó 200 mil fibras capilares, que muestran en conjunto una resistencia menor de lo esperado ante determinadas amenazas, como la sequedad, el exceso de humedad o la sobreexposición a la radiación solar, tan comunes durante los meses de verano.

 

En concreto, cualquier dermatologo pelo en Vigo alertará sobre la peligrosidad de los rayos ultravioleta en esta época de año. El uso de sombreros y de parasoles permite amortiguar este peligro y evitar que la fibra capilar se reseque y se torne frágil y quebradiza. En cualquier época del año, debe extremarse la precaución con el uso de planchas y secadores, pues las altas temperaturas ofrecidas en los niveles máximos pueden causar daños irreparables en el pelo.

 

La sensación de calor y de sofoco puede aumentar el atractivo de irse a dormir con el cabello mojado tras una ducha o un chapuzón. Sin embargo, esta práctica es desaconsejable para los expertos en dermatología. El exceso de humedad en la fibra capilar aumenta su sensibilidad, provoca inflamaciones y contribuye a la aparición de caspa, además de ocasionar resfriados y otras dolencias en el organismo.

 

Por otra parte, los tintes y decolorantes para el pelo son ‘enemigos’ declarados de la salud capilar cuando se aplican con demasiada frecuencia. Las quemaduras, irritaciones, dermatitis e infecciones pueden presentarse como consecuencia de no seguir esta recomendación. Por consiguiente, estos productos sintéticos deben emplearse con moderación, respetando las indicaciones del fabricante.

 

¿La frecuencia de los lavados influye en la salud del cabello? Diversos estudios han respondido positivamente a este interrogante, pese a que ninguno concuerda respecto a la periodicidad ideal. Generalmente, salvo que la persona en cuestión esté sufriendo algún tipo de patología capilar, se aconseja lavar el pelo a diario, preferentemente con agua fría, pues una temperatura excesivamente caliente podría resecarlo, mientras que las bajas temperaturas favorecen la circulación y contribuyen al sellado de las cutículas.

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